miércoles, 12 de agosto de 2015

CAPÍTULO 3. 2. EL PRIMERO DE BACHILLER. #SIEMPREFUIMAESTRA

Capítulo 3.2. El Primero de Bachiller.


Tenía once años recién cumplidos, cuando llegué al instituto. Durante mi etapa en Primaria, había estado en clase sólo con niñas y no llevaba uniforme. En el instituto, compartíamos clase los chicos y las chicas y todos llevábamos el uniforme, que se componía de un jersey azul, una camisa blanca y una falda gris para las chicas y pantalón gris para los chicos. El director del instituto era un cura, por eso recuerdo muy bien, que ese primer año, las faldas que llevábamos eran muy largas. Nunca me gustaron los uniformes, así que deseaba llegar a mi casa, para quitármelo. 

Mis estudios de Bachiller se regían por el Plan de 1967. En el primer curso tenía las siguientes Asignaturas según el orden en el que aparecen en el Libro de Calificación: Religión, Lengua y Literatura, Geografía e Historia, Matemáticas, Ciencias Naturales, Idiomas (Francés), Dibujo, Educación Física, Educación Cívico Social y en mi caso, por ser chica, E. Hogar, en el caso de los Chicos, F. Manual. Nunca entendí por qué las chicas no podíamos ir al taller a hacer las mismas cosas que los chicos y teníamos que hacer las labores. Me decían, que el taller era cosa de chicos y las chicas teníamos que aprender a hacer labores: bordados, punto...


El instituto llevaba por nombre "Instituto de Bachillerato Técnico Laboral Martín Villa". Había sido inaugurado oficialmente el 12 de Octubre de 1967. A él acudían también alumn@s de los pueblos de Rociana del Condado e Hinojos. Estaba a las afueras del pueblo, lejos de mi casa. Cada día, tenía que recorrer esa distancia cuatro veces, por unas calles con pavimentos casi inexistentes. Cuando llovía, llegaba empapada y en verano, el sol me tostaba. Tenía clase por la mañana y por la tarde y también los sábados por la mañana. Recuerdo algunas de las canciones que nos hacían cantar esos sábados, entre ellas "el bonete del cura va por el río..." 

En aquellos años, los libros de estudio y de lectura, costaban muy caros para la economía de las familias. La mayoría de las veces, necesitábamos que algún compañero/a mayor, nos lo prestara para ese curso. Al finalizarlo, volvía a servir a otro y así, año tras año. Lo mismo ocurría con los libros de lectura. Aún conservo este viejo ejemplar publicado en el 1917, que no puedo recordar porqué lo tengo y tampoco cuando lo leí. Los tebeos en cambio, eran bastante asequibles. Así que Zipi y Zape se convertían en amigos muy asiduos, con sus travesuras y aventuras.





De ese primer curso, tengo recuerdos aislados. Hay uno muy nítido y que no he podido olvidar. Veo al Director, con su traje negro de cura, pegándole a un chico a lo largo de todo el pasillo. Esa imagen me ha marcado e indignado siempre. También recuerdo los pupitres y como estábamos sentados de uno en uno, mirando hacia la pizarra y a la mesa del Profesor. Sólo veía las cabezas de los compañeros y la cara del Profesor. Nunca me gustó esa forma de estar en clase. En cuanto podía intentaba darme la vuelta y hablar con la compañera que se sentaba detrás de mí. Las chicas nos sentábamos delante por riguroso orden alfabético y los chicos detrás. 



En el instituto, el profesorado solía llamar al alumnado de usted y normalmente, los llamaban por los dos apellidos. En mi casa, lo hacían por mi nombre porque era la única chica que se llamaba así. El profesorado llegaba al aula cuando todo el alumnado estaba sentado y al verlo entrar, nos teníamos que poner de pie y sentarnos cuando ellos nos autorizaran. Por supuesto que en clase había que estar callados, sin distraerse, mirando al frente, trabajando.... aunque estar así una hora tras otra, era imposible. Recuerdo el descontrol que se formaba en la clase en cuanto el profesor de ausentaba por cualquier motivo, o nos daba la espalda al escribir en la pizarra.



Ligado a estos años, están otros recuerdos de mi vida cotidiana. Cuando salía del instituto, seguía escuchando mucho la vieja radio y las canciones de Manolo Escobar que tanto le gustaban a mi tía Asunción, el flamenco que escuchaba mi padre y las nuevas canciones de Los Diablos con su rayo de sol, Miguel Ríos con el himno a la Alegría, Camilo Sesto con algo de mi... A día de hoy, recuerdo perfectamente las letras de muchos canciones de esos años.

Las mariquitinas seguían despertando mi creatividad y me ayudaban a seguir cosiendo y creando vestidos para las muñecas. Recuerdo las meriendas con aquel rico sabor de los ricos "joyitos" de pan con aceite de oliva y bacalao y el aroma del café recién molido. 


Puedo ver nítidamente a mi madre, lavando a mano, con el refregador apoyado en el borde del lebrillo o de la pila y cómo tendía la ropa en un cordel, que levantaba ayudada por una orqueta. Hace algunos años ella se disfrazó un poco y en una casa del pueblo que aún conserva la pila, posó para mí, haciendo algunas de estas faenas, para el Audiovisual que era el punto de partida de un Trabajo por Proyecto titulado "A mano o a máquina". A día de hoy, tengo la suerte de poder disfrutar cada día de estos objetos, que hacen que estas experiencias formen para siempre parte de mi infancia.

En este curso, se enmarcan también los primeros recuerdos nítidos asociados a la Venida de la Virgen del Rocío a Almonte. El sonido de los cohetes y los tiros de las escopetas, me causaban mucho miedo. Procuraba estar lejos. Las imágenes de la llegada de la Virgen al pueblo o de la ida, las tengo bastante confusas, aunque al ver las fotografías de ese acontecimiento, los imágenes afloran. Y no sé cómo y porqué recuerdo con toda fiabilidad, cómo iba vestida el día de la Procesión de la Virgen por Almonte. Llevaba ese maravilloso vestido azul con una especie de adorno en forma de X en la parte de delante, que terminaba en un lazo en la parte de la espalda y que estaba bordado con unas florecitas de colores.



Tengo también vivos recuerdos de la Familia Telerín y de su divertida canción "vamos a la cama" y de cómo me gustaba dibujar a todos los personajes.



A lo largo de todo el Primer Curso, me esforcé, trabajé y estudié mucho porque los alumn@s que estudiábamos a través de Becas, teníamos que sacar como mínimo un Notable o Sobresaliente para poder continuar con ella. De lo contrario, nos la quitaban. En mi caso, era imprescindible conservarla. Si la perdía, tendría que dejar de estudiar. Recuerdo con tristeza, cómo a algunos profesor@s que eran de mi pueblo, parecía que le daba "coraje" que yo luchara por tener "buenas notas" y poder seguir estudiando. Precisamente eran ellos, los no me las solían poner. Estas circunstancias han marcado siempre mi devenir como maestra. Tal vez por ello y desde el primer día que empecé a dar clase, siempre he luchado contra las injusticias que se producían en los Centros Educativos y nunca me he quedado ni me quedaré impasible. 

En ese primer curso, todo el alumnado tenía una presión constante por no "repetir curso". Había entrado en vigor la Ley del 70 y el alumnado que repetía, no se quedaba en el instituto, sino que tenía que volver al Colegio para hacer la EGB.

El 26 de junio de 1971, según consta en mi Libro de Calificación, "se reunió la Junta Calificadora del 1º curso y declaró la "si" suficiencia del escolar titular de este libro, pasando al curso siguiente".


El secretario del instituto era el Profesor de Matemáticas Francisco Javier Meier Lizárraga. En la misma hoja del libro, aparece también junto al sello del instituto, este sello de tasas que costaba 50 pesetas.


...CONTINUARÁ...